BIOGRAFIAS

SERAFÍN FUENTES MARÍN

Nació en Zontecomatlán, Veracruz, el 12 de octubre de 1923. Boleaba y reparaba calzado, y acarreaba leña a lomo para irla a vender al pueblo. Deseando ser violinsta encontró un tronco seco de jonote (madera bofa de la huasteca), con el que decidió construir su propio violín, para lo cual vació la madera y la encordó después con tripa de mapache.

Gustaba mucho de escuchar a los músicos de la región, por lo que siempre sintió respeto y admiración por músicos como Hilario Ramírez, Pedro Chávez y Julián Ramírez, todos ellos músicos auténticamente campesinos que tocaban siempre en carnavales, vestidos de manta. Serafín Fuentes Marín no tardó en aprender a tocar el violín como él quería.

Ya como violinista, tocó algún tiempo con dos guitarristas de su pueblo: Víctor Herrera del Valle y Timoteo Naranjo, ya que en aquellos tiempos el son huasteco se tocaba solo con violín y guitarra quinta huapanguera, sin jarana. En 1945, y según platica don Serafín, mientras estaba en el Distrito Federal fue invitado a una celebración de alta lacurnia con el entonces general del ejército Elfego Chagoya. Ya en el lugar de la fiesta se encontró nada más y nada menos que con su coterráneo Elpidio Ramírez Burgos y sus "trovadores huastecos", los hermanos Pantoja, quienes llegaron elegantemente ataviados con cueras tamaulipecas y cargando instrumentos en finísimos estuches, pues se encontraban en la cúspide de su propio arte. Como anécdota curiosa, cuando "El viejo" Elpidio y sus huastecos ofrecieron tocar La Leva, algo pasó que se equivocaron y tuvieron que parar la música, momento que don Serafín aprovechó para tocar La azucena a su estilo y con versos de su inspiración. No había pasado mucho tiempo cuando de pronto "El viejo" Elpidio se levantó y gritó "Ese son es mío", mientra los aplausos eran todos para don Serafín y no para "El viejo".

En 1955 ingresó al magisterio federal. Trabajó durante más de treinta años en diversas comunidades de la huasteca veracruzana. El profesor Serafín Fuentes es un verdadero conservador del son "carnavalesco", pues cuenta con un amplísimo repertorio de sones casi extintos: La manta, El volado gavilán, El pájaro cu. También se ha dedicado a cantarle a la Huasteca con sones de su propia inspiración como La primavera, La barranquita, El hilo, y La mariposa. Recientemente ha sido homenajeado en los festivales de huapango, y se ha incorporado a un proyecto de conservación del son huasteco y a un programa de maestros jubilados.

 

Fuente:

Bustos Valenzuela Eduardo; El violín huasteco. Método teóricopráctico. Libro 1. México, Editorial Visión Cultural, 1997.